PRÓLOGO
Un severo y luminoso día de helado invierno berlinés ha acompañado metereológicamente a que los cronistas aquí destacados hayamos cumplido con el ritual de recoger nuestra acreditación. Las máquinas quitahielos se apresuraban esta mañana a adecentar el itinerario de la alfombra roja que servirá de entrada al Berlinale Palast.
Sin embargo, pese al frío, a uno siempre le encanta volver a Berlín. Seguramente será porque la capital germana es, más que una urbe, un apetecible confín en el que desapareces siempre a tu lado más cálido, recogido y voraz. Y en el que también se echan de menos a las personas con las que has compartido esta fiesta.
Da gusto asistir a la Berlinale. Es un festival meditado para el disfrute del especialista y del público espectador de la ciudad. Las colas de berlineses para conseguir localidad son enormes. El festival proyecta los films en multitud de salas por toda la ciudad. Es, con diferencia, de entre los más grandes, el festival más hacedero, cercano y disfrutable. El evento no se entiende sin la participación de los espectadores.
A lo largo de estos próximos diez días iremos valorando, fundamentalmente, los films que ocupan la Sección Oficial. A primera vista, cabe decir que el equipo seleccionador ha vuelto a primar el riesgo de apostar por autores no muy conocidos.
Sólo los hermanos Taviani, el filipino Brillante Mendoza, o los germanos Christian Petzold y Hans Christian Schmid pueden considerarse como “veteranos” en estas lides competitivas. De todas formas difícil va a ser que este año se hallan conseguido reunir dos obras de la categoría de NADER Y SIMIN, UNA SEPARACIÓN, de Asghar Farhadi o THE TORINO HORSE, de Bela Tarr, disfrutadas aquí el año pasado.
Otro dato destacable –y muy decepcionante- es la total ausencia de cine latinoamericano. Las cinematografías mejicana (GIGANTE), argentina (EL CUSTODIO), peruana (LA TETA ASUSTADA) o brasileña (TROPA DE ÉLITE) han sido muy aplaudidas y premiadas en los últimos años.
Causa no grata sorpresa que, justo en el año, en el que sí hay producciones tanto española (DICTADO, de Antonio Chavarrías) como portuguesa (TABÚ, de Miguel Gomes) a competición, estos países hayan quedado sin candidatos al Oso de Oro. Iremos viendo si las elegidas finalmente han merecido ese honor.
LAS PELÍCULAS
À MOI SEULE, de Fréderic Videau
BAI LU YUAN (WHITE DEER PAIN), de Wan Quan´an
CESARE DEVE MORIRE, Paolo y Vitorio Taviani
DICTADO, de Antonio Chavarrías
EN KONGELIG AFFAERE (A ROYAL AFFAIRE), de Nicolaj Arcel
JUST THE WIND, de Bence Fliegauf
KEBUNG BINATANG (Postcards From The Zoo), de Edwin
L´ENFANT D´EN HAUT, de Ursula Meier
LES ADIEUX À LA REINE, de Benoît Jacquot
METEORA, de Spiros Stathoulopoulos


