Cannes 2017: Un encuentro con Clint Eastwood

Le llaman “Masterclass” o “Leçon de cinéma” pero en realidad se asemeja a una lección de vida; Clint Eastwood se ha sentado hoy frente al crítico estadounidense Kenneth Turan para repasar toda su trayectoria profesional, desde los orígenes como actor hasta su proyecto más reciente, una película que parece ser podría rodarse en Francia, The 15:17 to Paris sobre el atentado fallido de ISIS a un tren francés. “Vivimos en un tiempo extraño” dijo el realizador.

En ese paseo por la memoria del cineasta-actor, Eastwood ha recordado la penuria económica sufrida durante la crisis del 29, cuando tan sólo contaba con 5 o 6 años y sus padres no tenían qué comer, aunque confiesa que estos lo ocultaban a los pequeños, y que los niños nunca pasaron hambre. También los continuos cambios de residencia marcaron su infancia.

Eastwood no es un hombre nostálgico. Transmite una cierta filosofía vital centrada en el esfuerzo, en el trabajo constante, y en la idea de un devenir inevitable en el que no hay lugar para lamentarse del pasado, de proyectos no realizados, de hechos que no sucedieron. Seguir adelante es su máxima.

No oculta su admiración por Sergio Leone y la fascinación que despertaba la rapidez de su pensamiento. También comenta la habilidad del director italiano en la elección de los rostros que protagonizan sus películas. Aprovecha Clint este momento para expresar lo afortunado que fue al conocerle, y hace un inciso: insiste en cómo en la vida aprendemos de todos los que nos rodean, aprendemos lo que debemos y lo que no debemos hacer. “Nunca hay que tomarse por lo que uno no es”, dice.

Aboga por la eficacia como uno de los rasgos esenciales en un director de cine, es necesario evitar a toda costa “la parálisis por el análisis” y hacer avanzar la historia.

De vuelta a la infancia, confiesa su gusto por el western desde niño. Cuando era pequeño quería montar a caballo y más tarde, ser actor en una de estas películas: James Stewart, Gary Cooper y Rod Cameron eran alguno de sus ídolos. Eastwood cree que la pasión por los western de tantos y tantos espectadores es debida esencialmente al hecho de que este género rememora una época en la que el orden y la ley dependían de uno mismo, a diferencia de nuestro tiempo. El western permite siempre el vuelo de la imaginación.

Da la sensación de que Eastwood ha sido un tipo con suerte, o al menos, eso es lo que nos quiere transmitir en esta conversación. Toda una serie de guiones o de libros que cayeron en sus manos y se convirtieron en las historias que todos conocemos. “No hay que tomarse las cosas en serio, si no, terminas por tomarte en serio a tí mismo” dice con cierta socarronería. Hace años que trabaja con el mismo equipo, una cuestión de confianza, algo esencial en las relaciones humanas.

En otro orden de cosas, confiesa prestar atención a su voz interior, a su instinto, que en ocasiones le guían más que el intelecto. Dice que las emociones te llevan siempre a un buen lugar; las emociones guían el cine. Le gusta observar las reacciones de los actores cuando interpretan el texto por primera vez, esa reacción construye el comienzo de un rodaje fructífero.

Turan ha ido recalando en algunas de las películas que conforman su filmografía, sus orígenes como actor,  el descubrimiento de ciertos guiones, -que son aclamados por un público enfervorecido-, las reiteradas visitas al Festival de Cannes, la relación con sus hijos, su método de tomas únicas,- casi exclusivamente-, su gusto por las películas de archivo… Parece ser queTuran no ha dejado asunto sin nombrar.

Clint Eastwood se confiesa muy feliz en su profesión de cineasta. Y surge de nuevo una gran ovación desde el fondo de la sala.

Algunos apuntes de la masterclass ofrecida por Clint Eastwood en el Festival de Cine de Cannes 2017, por Esmeralda Barriendos.

Un resumen dedicado a Celso Hoyo Arce.